Es difícil enfocarse en tus sentimientos más elevados y en tu sensibilidad si te sientes temeroso o desprotegido. Si el Universo parece hostil, indiferente y no responde, es fácil llenarse de cinismo, desesperación y desesperanza. En ese estado depresivo es imposible sentir la plenitud y las posibilidades de la vida. Es muy difícil resolver problemas que te molestan. Esos sentimientos ocurren cuando el aura que rodea al cuerpo es débil y pequeña. El aura humana puede extenderse hasta 2.7 metros a nuestro alrededor. Si baja de 1.21 metros, tendemos a deprimirnos. No podemos luchar contra pensamientos negativos de nuestro interior o del medio ambiente. Si podemos extender el aura, el arco exterior actúa con un filtro y un conector al campo magnético universal. Es ese campo externo el que preserva la integridad del aura, la mezcla de los pensamientos y sentimientos que emanan de nuestro cuerpo y mente.

El aura puede ser expandida temporalmente. Una manera es conectar tu aura con el campo universal utilizando un sonido semilla que activa el poder del centro del corazón. La compasión del Universo te eleva y te expande. Te proveerá de un escudo divino que te acompaña a través de la turbulencia. Esta meditación hace exactamente eso. Si lo conviertes en una práctica regular, te volverás positivo, valiente y feliz. Nada te detendrá mientras persigues tus objetivos. Eliminarás la sensación de soledad y de separación de tu alma.

El sonido MAAA es un llamado a la compasión y la protección. Es el sonido que el bebé utiliza para llamar a su mamá. Aquí, tu alma es el bebé y el Universo se vuelve la Madre. Si llamas, ella vendrá a tu ayuda y consuelo. Cuando este escudo es fuerte, es fácil sentir la marea del Universo, el Tao. Te vuelves espontáneo y vital mientras te mueves en ritmo con una realidad mayor, de la cual eres parte.

Cuando este campo es fuerte te sientes protegido del impacto de tus propias acciones pasadas. Eres como un gran barco que gira hacia lo Divino y puedes cruzar las olas que creaste con tus acciones pasadas. Este campo te mantiene alerta y despierto a tu verdadera misión en la vida.

Instrucciones: 

Mantra: Ma

Maestro: GuruGanesha Singh

Postura: Dobla la rodilla derecha con el pie derecho apoyado en el suelo, los dedos de los pies apuntan hacia adelante. Coloca la planta del pie izquierdo contra el arco y el tobillo del pie derecho. El talón del pie izquierdo debe estar frente al tobillo del pie derecho. Haz un puño con la mano izquierda y colócalo en el piso junto a la cadera. Utiliza esto para equilibrar la postura. Dobla el codo derecho y colócalo arriba de la rodilla derecha.

Coloca tu mano derecha junto a tu cara con la palma viendo hacia tu oreja. Forma una copa con tu mano alrededor de tu oreja manteniéndola abierta sobre la oreja. Es como si formaras una copa para amplificar un sonido que quieres escuchar.

Inhala profundamente y canta el mantra con un sonido largo y suave. Proyecta el sonido como si alguien te estuviera escuchando. Mientras canta, escucha el sonido y permite que vibre en todo tu cuerpo. Si cantas en grupo, escucha los tonos de los demás y permite que vibren a tu alrededor. Canta a un volumen cómodo. Cuando hayas exhalado completamente, toma otra respiración profunda y continúa. En un grupo todos pueden inhalar en diferentes momentos. El sonido del grupo parecerá continuo. Canta por ambos lados por la misma cantidad de tiempo. Aprende a sostener la concentración en el sonido. Aumenta el tiempo a tu ritmo, comienza con 11 minutos de cada lado y ve aumentando hasta 31 minutos de cada lado para un total de 62 minutos.

Tiempo: 11 a 31 minutos de cada lado.

Ojos: Cierra tus ojos y enfócate en el entrecejo.

 

Nota de GuruGanesha Singh:

“Cantar y meditar sobre el mantra ‘Ma’ realmente nutre y cura todo mi ser. Me siento profundamente amado y cuidado de la manera más primal. Una vez, hace varios años, mientras Snatam y yo estábamos cantando ‘Ma’ en uno de nuestros conciertos junto con otras 400 personas, literalmente viajé en el tiempo cuando tenía 5 años sentado en un taburete en la cocina de mi casa un domingo por la mañana mirando a mi madre cantando felizmente mientras hacía panqueques de arándanos para mi hermana de 4 años y yo. Recordé sentirme totalmente feliz, despreocupado y amado incondicionalmente”.

“Al regresar al momento presente, me di cuenta de que me salían lágrimas de los ojos y, al mirar a mi alrededor, no podía creer cuántos hombres y mujeres adultos lloraban incontrolablemente en la audiencia. Parecía que estábamos liberando vidas pasadas de dolor y tristeza colectivamente mientras sentíamos una profunda reconexión con el amor incondicional de la Madre Divina. Después del concierto, un joven se acercó a mí, me dio un fuerte abrazo y me dijo que su madre había muerto durante su nacimiento y que durante el canto ‘Ma’ experimentó por primera vez el profundo amor incondicional de la madre que nunca había conocido. ¡Ambos lloramos de nuevo!”

 

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