La Tierra, la madre amorosa que nos sostiene en nuestro paso por la vida, nutriéndonos durante la evolución de nuestro espíritu. Mujeres, madres, hermanas, hijas, abuelas escuchando el llamado de la Madre Naturaleza, escuchando su sabiduría mientras cuidamos y nutrimos las plantas, sintiendo el llamado de su belleza mientras admiramos la creación, sintiendo su poder y sabiduría mientras críamos a las nuevas generaciones. Mujeres volviendo a venerar  la fuerza divina femenina que nos da la vida llamando al espíritu de la madre Tierra a través de la oración, el canto, la danza y el servicio.

Nos encontramos en un momento de grandes cambios, la mujer retomando su lugar en el mundo, la fuerza femenina abriendo camino para que las mujeres vivamos en armonía con nuestros ciclos, a imagen y semejanza de la Madre Divina.

Hemos aprendido que  la profundidad de la belleza de una mujer yace en la fortaleza de todos sus cuerpos,  físico, mental, aúrico, sutil, pránico y radiante. Sabemos que cuando una mujer reconoce la unidad a través de la experiencia, la belleza, la fortaleza y su poder creador, puede sonreír al mundo sin necesidad de la conmoción, con un corazón suave. Una mujer que reconoce su origen es capaz de transformar su alrededor con su radiancia y presencia. La intuición como guía, la gracia el camino y la oración nuestro poder.

Cada día hacemos un compromiso con nosotras mismas al levantarnos a seguir nuestra práctica de Yoga y meditación. ¿Qué tal si por un día tomamos el compromiso de cuidar a nuestra Tierra en todas nuestras acciones? El primer paso, nuestra alimentación. ¿Conozco el origen de los alimentos que consumo? ¿Cuál es su impacto ambiental? ¿De dónde viene el agua que tomo o que disfruto durante un baño? ¿Cuáles son mis hábitos diarios y cómo impacta la salud del planeta?

Te invito a sumar esta práctica a tu vida diaria. Las pequeñas acciones cotidianas se convierten en nuestros hábitos. Agradece cada día, agradece tu alimento, el aire puro que respiras, el agua limpia que bebes, elige una vida en armonía con la naturaleza. Dedica unos minutos al día a practicar esta poderosa meditación para invocar el espíritu de la Madre Tierra con tu propio cuerpo.

 Meditación para llamar al Espíritu: Invoca al espíritu de la Madre Tierra con tu propio cuerpo. 

Postura: Siéntate en postura fácil con la columna recta y cerradura de cuello.

Mudra: Levanta los brazos a 60 grados, codos y muñecas rectas. Los dedos de las manos están rectos y juntos, palmas hacia arriba.

Visualización: Imagina una llama en el centro del corazón.

Respira largo y profundo.

Tiempo: 3 minutos.

Para terminar: Inhala profundamente con una plegaria por la elevación del Creador, la Madre Tierra y la paz. Sostén 15 segundos. Exhala. Inhala profundamente. Siente en tu corazón la bendición de la Madre Divina. Sostén, y exhala. Siente la dulzura de la vida. Sostén por 15 segundos. Exhala.

Ésta y más meditaciones y series para tu práctica diaria podrás encontrarla en el manual: Yo soy una mujer: Creativa, Sagrada e Invencible.